TERMINAL BAHIA BLANCA

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viernes, 17 de abril de 2009

Ríos de humo en Sudamérica

En el campo el fuego es una herramienta que se usa con distintos fines: se incendian pastizales para un mejor rebrote, o se quema la caña de azúcar para facilitar su cosecha, entre otros. Desde hace un tiempo las imágenes satelitales permitieron analizar las quemas en escalas regionales y se detectó que, con el viento norte, llegan a formarse “ríos de humo” que permanecen por varios días, recorriendo toda Sudamérica. Alrededor del 22% de las emisiones globales de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, ocurren por causa de las quemas.

Los habitantes de las ciudades usamos el fuego en las hornallas de la cocina, en las estufas o en el asadito del domingo. Un incendio es para nosotros un acontecimiento excepcional: se llama a los bomberos, vienen los medios, se busca el culpable. Cuando en abril de 2008, el humo proveniente de la quema de pastizales invadió Buenos Aires y sus alrededores, nos llegó apenas el reflejo de una situación que ocurre habitualmente en gran parte de Argentina, en otros países de Sudamérica y en muchas otras regiones del mundo: en el campo, el fuego es un suceso habitual.

Es una herramienta que se usa con objetivos variados: se queman pastizales para un mejor rebrote, se queman residuos agrícolas y malezas, se quema la caña de azúcar para facilitar su cosecha, se quema para deforestar y desmontar por la expansión de las fronteras agropecuarias. El fuego es también un disturbio natural y muchos ecosistemas dependen de él para la conservación de sus especies, hábitats y paisajes.

Las quemas tienen un ciclo anual que depende de variables ambientales: estaciones y condiciones meteorológicas, ya que la vegetación debe estar seca para quemarse, y del crecimiento de la vegetación y acumulación de biomasa muerta, entre otras. Pero también dependen de variables socioeconómicas: los ciclos de los cultivos y sus precios internacionales, la influencia de la legislación, las políticas de control. En épocas de sequía acentuada, muchas quemas se descontrolan y causan los grandes incendios que llegan a los titulares de los diarios.

Desde hace algunos años, por medio de imágenes y datos satelitales, es posible analizar las quemas en escalas regionales. En Sudamérica, al este de Los Andes, entre el centro de Brasil y la pampa argentina, las quemas se producen entre julio y diciembre, con los máximos entre agosto y octubre. Durante estos meses se detectan satelitalmente en Sudamérica entre 1.000 y 5.000 focos calientes por día. En el centro-norte de Argentina y Paraguay se producen también quemas entre enero y abril.

Las quemas producen diversos efectos: daños a los seres humanos, a los animales, efectos sobre los suelos, los ecosistemas y la biodiversidad. Pero cuando el número de quemas aumenta se producen impactos en escalas mayores, que se vinculan con la atmósfera y el clima. Emiten gases de efecto invernadero que aportan al calentamiento global. El crecimiento rápido de la vegetación vuelve a captar una parte de los gases cuando vuelve al mismo estado. Cuando se deforesta, la vegetación cambia y los gases quedan en la atmósfera. Alrededor del 22% de las emisiones globales de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, ocurren por esta causa.

Las quemas emiten las pequeñas partículas que forman el humo y el hollín. En algunas ocasiones se llegan a formar con el viento norte “ríos de humo” que perduran por varios días, recorriendo Sudamérica desde el sur del Amazonas hasta más allá de la provincia de Buenos Aires. Estos ríos de humo, que se mueven a alturas de 1.000 a 3.000 metros, forman una neblina extraña, que no se disipa con el viento ni al elevarse el sol.



fuente:infouniversidades
María Laura Alori
mlalori@unsam.edu.ar
Diana Mielnicki. Ingeniera Química y Lic. en Ciencias de la Atmósfera
Dirección de Comunicación Institucional
Universidad Nacional de General San Martín

lunes, 22 de septiembre de 2008

El 50% de la población es fumador pasivo

RAMÓN SÁNCHEZ-OCAÑA - MADRID. Ochenta de cada cien individuos creen que donde más tiempo pasan expuestos al humo ambiental del tabaco en espacios cerrados es en el coche, seguido de las cafeterías (un 34,3%), de su hogar (un 14,6%), de los restaurantes (13%), en casas ajenas (6,4%) y en el trabajo (3,6%). Son datos de la encuesta realizada por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. Pese a ello, más del 70 por 100 de los encuestados afirma tener claro que los espacios sin humo ayudan a dejar de fumar y el 95% es consciente de que el humo del tabaco puede perjudicar la salud de los no fumadores.

El fumador pasivo es el fumador involuntario que respira en el ambiente en donde se fuma. Y aunque al fumador esta figura del inhalador involuntario le parezca siempre exagerada, debe saber que los perjuicios que se le ocasionan son absolutamente objetivables; no se trata de una impresión o de una molestia subjetiva. Se puede medir.

Uno de los metabolitos de la nicotina es la llamada cotinina. Y la cotinina se puede determinar perfectamente en sangre, en orina e incluso en la saliva. Un fumador tiene una determinada cantidad de cotinina como derivado de la nicotina que inhala. Y tendrá más cuanto más fume y por tanto más nicotina tenga. Un no fumador, en buena lógica, debe carecer de cotinina. Sin embargo, si el no fumador está en un ambiente de fumadores aparece la cotinina como evidencia fiable de que ha ingerido nicotina.

Un fumador de 20 cigarrillos tiene un valor de cotinina determinado, al que se le puede dar un índice. Si ponemos en relación ese índice con el que presenta un "espectador" del humo, podremos calcular la equivalencia de su aspiración involuntaria. Así se puede afirmar que en España hay más de cinco millones de fumadores pasivos que se tragan sin querer, cada día, el equivalente a seis cigarrillos.

O lo que acaba de hacer público la Organización Mundial de la Salud: entre el 20 y el 30% de los cánceres de pulmón entre no fumadores se debe al humo ambiental del tabaco.

Para los médicos de familia, el tabaquismo activo y el pasivo son, respectivamente, la primera y tercera causa de mortalidad evitable en los países desarrollados. Se estima que en España mueren al año por tabaquismo activo más de 54.000 personas y por el pasivo más de 6.300. Los datos disponibles han demostrado que el tabaquismo pasivo puede causar la muerte por una cardiopatía isquémica, un ictus, un cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias crónicas. "Dejar de fumar no sólo aporta beneficios al que fuma sino también a los que no fuman", afirma el doctor Matáix, coordinador del Grupo de Atención al Tabaquismo de los médicos de atención primaria.

ENCUESTA. A pesar del avance que ha supuesto la Ley del Tabaco, un 15% de los españoles sigue estando expuesto al humo del tabaco en sus lugares de trabajo y al menos un 40% en las zonas de ocio, según la última Encuesta Nacional de Salud (año 2006). Tal y como insiste el presidente de los médicos de familia, se tiene que dar un paso más para poder asegurar que todos los espacios de uso público estén totalmente libres de humo. Es una condición necesaria para proteger a la población frente a la exposición del aire contaminado por el humo del tabaco y seguir mejorando su salud.

Un 41,6% convive habitualmente con personas que fuman. Los que declaran fumar en su domicilio, el 34% lo hace en la habitación de la lavadora; un 18% en la cocina, un 15% en el cuarto de baño, un 2,6% en el comedor y un 3,1% en balcones o terrazas. Los datos muestran que un 68% está seguro de que los espacios sin humo evitan que los jóvenes empiecen a fumar (el 60,8% de los menores de 35 años y el 73,5% de los mayores de 75 años). De los 9.813 participantes en la encuesta, un 25,8% es fumador (con una media de 13 cigarrillos al día; siendo los varones los que más fuman, 15 cigarrillos al día frente a los 12 cigarrillos al día que fuman las mujeres); un 27,8% se declaró ex fumador y un 46,4% nunca ha fumado. El 27,6% estaría dispuesto a dejar de fumar en el próximo mes.