TERMINAL BAHIA BLANCA

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martes, 4 de noviembre de 2008

Descubren que un hongo de la Patagonia produce un gas similar al diésel

MADRID/MONTANA (EEUU).- La búsqueda de nuevas fuentes de energía es incesante, pero hallar una alternativa viable y convincente a los combustibles fósiles no es tan fácil. Los biocombustibles (a partir de plantas) tienen tantos adeptos como críticos, el hidrógeno no siempre es rentable y las energías renovables no terminan de florecer. La solución, para muchos, es la diversificación: cuantas más fuentes alternativas se combinen, mejor.

La carrera por encontrar fuentes energéticas en los rincones más insospechados de la ciencia se ha vuelto frenética en los últimos años. Desde simples algas a alta tecnología, diversas disciplinas se unen en la búsqueda común.

En este contexto, un botánico acaba de aportar su propia solución al debate energético. En el año 2002, explorando un bosque lluvioso de la Patagonia a la caza de especies vegetales exóticas que pudieran contener microbios "útiles", Gary Strobel, de la Universidad del Estado de Montana (EEUU), recogió un buen botín de especímenes vegetales.

Entre los matojos recogidos había ramas de ulmo ('Eucryphia cordifolia'), un antiguo árbol chileno, sobre las que crecían unos hongos. Eran ejemplares de 'Gliocladium roseum', y estaban produciendo... gases.

Esto animó a Strobel y sus colaboradores a continuar investigando el hongo, lo que les llevó a descubrir que, en condiciones de laboratorio, con bajos niveles de oxígeno, el hongo producía muchos de los compuestos que conforman el diésel (hidrocarburos volátiles). Es decir, mico-diésel.

"Éstos son los primeros organismos hallados que fabrican alguno de los ingredientes del diésel", dice Strobel en el comunicado emitido por la Universidad de Montana. "Es un gran descubrimiento". Los resultados de la investigación aparecen publicados en 'Microbiology'.

"El principal valor de este decubrimiento no es el organismo en sí, sino los genes responsables para la producción de esos gases", explica Strobel. "Hay ciertas enzimas que son responsables de la conversión de sustratos como la celulosa en micodiésel".

No obstante, Strobel es consciente de que se trata tan sólo de un primer paso experimental, y que el camino hacia la comercialización es largo y lleno de obstáculos. De momento, el potencial del hongo ha despertado el interés de otros científicos, quienes han comenzado ya a estudiar su genoma.
Fuente: elmundo.es

martes, 21 de octubre de 2008

Ecuador propone dejar sin tocar el petróleo del parque Yasuní a cambio de una compensación

MADRID.- El dilema lo planteó el Gobierno ecuatoriano hace un año y se ha convertido en un acertijo ético para tiempos de globalización, crisis energética y deterioro ambiental. ¿Debe Ecuador explotar el crudo que yace bajo uno de los últimos rincones vírgenes de la cuenca amazónica? ¿Está la comunidad internacional dispuesta compensar al país por los ingresos que dejaría de percibir si deja el terreno como ésta?

Fue en junio de 2007 cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa anunció que su país renunciaba a extraer los yacimientos de petróleo de un sector del Parque Nacional Yasuní siempre que el resto de estados pagara a Ecuador por no hacerlo.

Esa zona al pie de los Andes es uno de los puntos del planeta con mayor número de especies por metro cuadrado y en 1989 fue declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera. Lo que es de todos, planteaba Correa, debe ser protegido por todos. Daba por hecho que la apertura de carreteras y la actividad extractiva contaminarían y destruirían Yasuní.

Alemania y Noruega dieron tímidas muestras de apoyo. España fue más allá y, en agosto de 2007, por medio de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, de visita oficial en Ecuador, adelantó cuatro millones de dólares para los primeros estudios del proyecto.

Desde entonces poco se ha sabido de la singular propuesta. Ecuador ha puesto de plazo final de 2008 para recibir respuesta. La idea ha ido languideciendo y los ambientalistas temen que la zona acabe explotándose y que la oferta fallida le sirva a Correa para matar la mala conciencia por permitirlo.

Ahora, ONGs y líderes locales quieren están revitalizando la iniciativa. Tras visitar Luxemburgo y Londres, y camino del Parlamento Europeo, se presentaba la semana pasada en Madrid la campaña Yasuní Oro Verde. Los promotores de este movimiento civil pretenden que Ecuador aclare los términos ambiguos de su propuesta y que el resto de países dé una respuesta acorde a la dimensión ética del reto.

El impulsor de la campaña, el español Ginés Haro, ha editado un libro para dar a conocer los valores que se pueden perder en Yasuní, que es un punto caliente de biodiversidad dentro del ya rico entorno amazónico.

Esa abundancia tiene raíces evolutivas. Durante los periodos glaciares, los cambios de clima hicieron desaparecer muchas especies en el Amazonas. Pero algunos rincones mantuvieron las mismas condiciones y sirvieron como islas de refugio desde las que la flora y la fauna ganaron terreno otra vez.

Yasuní es una de esos reservorios genéticos donde en una hectárea se han clasificado hasta 400 tipos de árboles, más de los que existen en algunos países de Europa. Puesto que en el trópico las especies se multiplican exponencialmente en cada nicho ecológico, el volumen de la riqueza biológica des abrumador. Según Ginés Haro «en un árbol hay más especies de hormigas que en Inglaterra».

Pueblos indígenas
Además, en Yasuní habitan pueblos indígenas que permanecen voluntariamente aislados, como los huaorani, los shuar y los kichwas. Muchos han muerto o han sido desplazados por la actividad petrolera, que empezó a mediados del siglo XX.

Anita Rivas, alcaldesa del municipio de Orellana, que agrupa a los 60.000 habitantes de la zona, denunció en Madrid que el petróleo «ha traído deforestación, desplazamientos, contaminación y enfermedades a la provincia, que a pesar de ello es la segunda más pobre del país».

Rivas denuncia que en la comarca, situada en la cuenca alta del Amazonas, junto a afluentes como el Napo y el Pastaza, los vertidos de petróleo son constantes. Se trata de un crudo pesado, más tóxico, y cuya extracción provoca la salida de un volumen de agua contaminada 10 veces mayor. Recordó que grandes áreas de Yasuní ya están siendo explotadas por multinacionales.

Porque en realidad, lo que ofrece la propuesta de Correa es dejar sin tocar las últimas 700.000 hectáreas (un tamaño igual a la provincia de Orense), «el corazón más salvaje y vivo del parque» como explicó Rivas.

El ministro embajador de Ecuador en España, Santiago Apunte, explicó a elmundo.es los términos exactos de la propuesta de Correa. Se calcula que el bloque ITT, como se llama la zona a explotar de Yasuní, ofrecería 700 millones de dólares anuales de beneficios durante 10 años. Ecuador propone que un fondo fiduciario le entregue 350 millones de dólares anuales durante una década. O sea, la mitad del lucro cesante.

Pero en su oferta, Correa se reservaba poder explotar Yasuní en el futuro, devolviendo para ello el hipotético dinero recibido. La campaña Yasuní Oro Verde apoya la propuesta, pero quiere mejorarla. Piden a Ecuador que la protección sea ilimitada y no tenga vuelta atrás. Además, demandan que se escuche a las comunidades locales y pueblos indígenas. Y que el Gobierno aclare a qué destinará el dinero, que debería revertir en usos sostenibles en la zona.

Ginés Haro lanza una pregunta: «¿Merece la pena destruir Yasuní cuando sus reservas estimadas de petróleo equivalen al consumo mundial de unos cinco a 11 días?». La ecuatoriana Anita Rivas lanzó además un mensaje a los ciudadanos occidentales: «Que ahorren combustible. Cuando gastan petróleo, no ven el daño que su extracción provoca en nuestra tierra.

Fuente: elmundo

viernes, 12 de septiembre de 2008

Prohíben la entrega de bolsas de nailon

LA PLATA.- El Senado bonaerense convirtió ayer en ley la prohibición del uso, por parte de los comercios de la provincia, de las tradicionales bolsas de nailon o polietileno.
En su lugar, en el lapso máximo de dos años, deberán usarse empaques de carácter biodegradable, tal como lo plantea la flamante norma concebida a partir de proyectos de varios legisladores e impulsada por el gobierno de Daniel Scioli.
Ayer, en el Senado provincial la iniciativa fue aprobada por unanimidad. Ahora, el gobernador deberá establecer la reglamentación y fijar los plazos y estipulaciones para la aplicación de la medida.
El gobierno busca evitar "en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires el uso de bolsas de polietileno y todo otro material plástico convencional, utilizados y entregados por supermercados, autoservicios, almacenes y comercios en general para transporte de productos o mercaderías", según se expresa en el artículo primero de la norma.
Según los plazos preestablecidos, los fabricantes deberán registrar las nuevas tecnologías en materia de producción de bolsas biodegradables y los comercios tendrán de 12 a 24 meses de plazo para eliminar el sistema actual y reemplazarlo por productos alternativos "más amigables con el medio ambiente, como las bolsas de papel o los plásticos biodegradables". Embalaje
Sobre la iniciativa, que prevé poner en marcha un programa de sustitución de las bolsas, trabajaron técnicos del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS). Técnicamente se pretende eliminar aquellos elementos no biodegradables de polietileno, polipropileno y otros polímeros artificiales, utilizados como método de embalaje. Para ello se apelará a un laboratorio que certificará que las nuevas bolsas cumplan con determinados requisitos que aseguren que son biodegradables, explicó a LA NACION el titular de la Dirección de Producción y Consumo Sustentable del OPDS, Gustavo Cilenta.
"Buscamos generar un cambio teniendo en cuenta la producción de las nuevas bolsas y también promover la activa intervención de los consumidores como agentes responsables del cuidado del ambiente", explicó Cilenta.
Según los expertos, una bolsa de nailon común demora en descomponerse cerca de 100 años, dependiendo de la exposición a la luz ultravioleta y otros factores.
Las bolsas de plástico, como elemento de uso cotidiano para transportar pequeñas cantidades de mercancías, fueron introducidas en la década del 70 y rápidamente ganaron popularidad, especialmente a través de su entrega en supermercados y tiendas. Asimismo, las bolsas de nailon constituyen una de las formas más comunes de acondicionamiento de la basura doméstica.