TERMINAL BAHIA BLANCA

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martes, 7 de octubre de 2008

El 25% de los mamíferos está en peligro de extinción

Uno de cada cuatro mamíferos que viven en nuestro planeta está siendo empujado literalmente hacia la extinción. Lo dice el mayor estudio llevado a cabo hasta la fecha, auspiciado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que celebra esta semana en Barcelona su Congreso Mundial por la Conservación.


Un ejército de investigadores de varios centros repartidos por diversas regiones concluyen, en un estudio que recoge la revista Science, que entre el 25 y el 36 por ciento de las especies de mamíferos, tanto terrestres como marinos, están en peligro de desaparecer.

El factor humano
No es algo de lo que enorgullecernos. La era de los dinosaurios conoció un florecimiento que perduró durante más de 150 millones de años, a la que le siguió la era de los mamíferos. Sin embargo, el factor humano ha supuesto un cambio drástico. "Asusta que tras millones y millones de años de evolución nos embarquemos en una crisis en las que el 25 por ciento de las especies pueden desvanecerse", ha indicado Andrew Smith, un zoólogo de la Universidad Estatal de Arizona que forma parte de los 103 autores del estudio, aunque este centenar de expertos ha estado asesorado por 1.800 científicos procedentes de 130 países.

En el mundo se conocen 5.487 especies de mamíferos. De ellas, están amenazadas unas 1.141. En los últimos 500 años, se han extinguido al menos 76 especies de mamíferos, fundamentalmente por la destrucción de su hábitat y la contaminación. Hay una lista de 836 especies de las que aún no se disponen datos, pero su situación no parece muy halagüeña. Y, terminando de hablar de números, la lista de los mamíferos actuales en grave peligro de extinción suma 188 especies. Entre ellos no podía faltar el lince español (Lyns pardinus), cuya población oscila entre 84 y 143 individuos.

Los más afectados
Entre los tristemente ilustres invitados a esta lista esta el famoso Diablo de Tasmania (Sarcophilus harrisii), un marsupial carnívoro parecido a un perro -de hecho, es el de mayor tamaño del mundo- que habita en el estado de Tasmania, en Australia. En tan sólo diez años su población ha descendido un 60 por ciento, debido a una curiosa forma de cáncer facial muy contagiosa.

El llamado Ciervo del padre David (Elaphurus davidianus) es una especie de ciervo de China muy rara que ha desaparecido totalmente en la naturaleza y subsiste sólo en cautividad, por lo que queda la esperanza de su reintroducción a la vida salvaje; hay especies -poco conocidas por el público- que no se las ha visto desde hace 40 años, como un tipo de roedor, Mesocapromys sanfelipensis, originario de Cuba, o una especie de gato asiático denominado gato pescador (Prionailurus viverrinus) muy parecido al lince, propio de las regiones del sur de Asia, un raro tipo de musaraña elefante de la que apenas pueden quedar unas decenas de individuos en los bosques de Udzubgwa en Tanzania; la foca del Caspio (Pusa caspica) cuya población ha disminuido en un 90 por ciento en el último siglo. Pero, aunque no se mencionan en la lista, hay invitados cuyas poblaciones han disminuido alarmantemente, según el artículo de Science, como el lobo gris (Canis Lupus) o el oso marrón (Ursus arctos).

Entre los mamíferos marinos, se destaca el impacto en el hábitat por culpa del calentamiento global en especies tales como el oso polar (Ursus maritimus) o la foca arpa o groenlandesa (Pagophilus groenlandicus).

En cuanto a los primates, la situación no ha mejorado mucho. De acuerdo con el estudio, el 79 por ciento de los primates asiáticos está en peligro de desaparición. Del mamífero más grande sobre la Tierra, el elefante africano, (Loxodonta africana), tampoco hay buenas noticias. La IUCn lo ha calificado como especie 'casi amenazada'. Su calificación anterior era de 'vulnerable', aunque sus poblaciones han aumentado en el sur y este de África, lo que aporta algunas esperanzas para su futuro. La familia de los tapires y los hipopótamos en general afronta peligros de extinción.

Algunos avances
Sin embargo, los expertos firmantes del artículo destacan algunos progresos de las organizaciones conservacionistas. El hurón de pies negros (Mustela nigripes), que estaba casi extinguido, se ha reintroducido con éxito en los EE UU. Y el Tarpán, (Equus ferus), un tipo de caballo salvaje de las estepas asiáticas al que se daba casi por desaparecido en 1996, ha pasado ahora a la categoría de "en peligro crítico", gracias a las reintroducciones llevadas a cabo en Mongolia a principio de los años noventa. "A pesar del estado deteriorado de los mamíferos, nuestra información sugiere que es posible recuperar las especies mediante esfuerzos concretos para su conservación", concluye el estudio.
fuente: ecodiario

lunes, 29 de septiembre de 2008

Un gran tsunami arrastró bloques gigantes de coral al interior de la isla de Tongatapu

MADRID.- Sobre el oscuro terreno volcánico de Tongatapu destacan desde tiempo inmemorial una serie de enormes bloques de coral. ¿Cómo pudieron llegar hasta allí? Las rocas forman parte del paisaje local y son bien conocidas por los isleños. Hasta existe una leyenda para explicar su origen: el dios Maui las lanzó fuera del agua para asustar a un gran pájaro devorador de hombres.

Ahora, los científicos han encontrado un motivo menos mítico pero igualmente espectacular para explicar su existencia. Un gigantesco tsunami las arrancó del arrecife que rodea la isla y las arrastró 400 metros hasta el interior. Los geólogos, incluso, han encontrado bajo el agua su localización original.

La serie de enormes bloques de roca coralina yace a lo largo de tres kilómetros en la orilla oeste de la isla de Tongatapu, en el archipiélago de Tonga, en el Pacífico, y pueden ser la evidencia de uno de los más potentes tsunamis producidos por una erupción volcánica que se conocen.

"Pueden ser los bloques de roca más grandes desplazados por un tsunami en todo el mundo", ha declarado al servicio de noticias científicas Eurekalert Matthew Hornbach, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, quien expondrá sus teorías en el próximo encuentro de la Geological Society of America.

Los investigadores del equipo de Hornbach viajaron a isla de Tongatapu en noviembre de 2007, como parte de una campaña de estudio de tsunamis. Partían de la base ya conocida de que algunas grandes 'rocas errantes' que se encuentran junto a ciertas costas han sido arrastradas allí por maremotos.

De hecho, existen casos bien documentados, como las enormes bloques que fueron movidos por el tsunami que se produjo tras la explosión del volcán Krakatoa en 1883, en aguas del estrecho de la Sonda, junto a Indonesia. Ese evento volcánico, sucedido en época histórica, estremeció al mundo. Se estima que liberó una energía como la de 10.000 bombas atómicas y que murieron unas 40.000 personas. Las olas que provocó el colapso del edificio volcánico alcanzaron 40 metros de altura y algunas rocas movidas por el tsumani en la orilla llegaron decenas de metros tierra adentro.

A raíz del maremoto que asoló Asia en 2004, ha explicado Hornbach, ha habido un esfuerzo para "encontrar, documentar y analizar grandes bloques erráticos de roca que puedan ser restos depositados por tsunamis pasados con la intención de calcular el tamaño, la frecuencia y la localización de esos eventos".

Con esa idea en la cabeza, su equipo viajó al archipiélago de Tonga tras haber oído hablar de las 'extrañas' rocas del interior de la isla. La expedición les sirvió para comprobar que esas rocas, mayores que una casa muchas de ellas, se alineaban durante tres kilómetros y que en ocasiones llegaban a estar hasta 400 metros dentro de tierra firme. Habían encontrado, según defienden, "los mayores depósitos movidos por un tsunami en toda la Tierra".

Datación del 'paleotsunami'
¿Cuándo ocurrió aquel fenomenal tsunami? La conclusión del estudio es que data del Holoceno, es decir, desde los últimos 10.000 años hasta nuestros días. Para llegar a esa conclusión, los investigadores llevaron a cabo un estudio radiométrico de la edad de las rocas y una interpretación estructural y sedimentaria de su entorno.

Para empezar, se descartó la posibilidad de que el origen de 'las piedras del dios Maui' no fuera un tsunami. Pero había multitud de evidencias que lo probaban. En primer lugar, los bloques de coral no pueden haberse formado en su actual localización ya que el sitio donde se encuentran es de origen volcánico. Tampoco pueden haber sido movidos por 'tormenta' o ciclón de ningún tipo, pues no los hay capaces de liberar tanta energía.

Puesto que la isla es plana, no es posible, además, que puedan haber rodado desde ninguna otra localización. En realidad, los bloques están hechos del mismo material coralino que rodea la isla, que es volcánica. Como es sabido, el coral tiene un origen biológico y crece formando anillos rocosos en torno a algunas islas del Pacífico, sean estas del material que sean. Algunas de ellas pueden ser totalmente de coral, pero Tongatapu es distinta: tiene un centro volcánico rodeado de un círculo coralino.

Después hubo que averiguar la edad de las rocas: 122.000 años aproximadamente, tras llevar a cabo diversas mediciones por los procedimientos establecidos de datación. De modo que el tsunami no pudo ocurrir lógicamente, antes de esa fecha.

Los investigadores piensan que las rocas llegaron a tierra bastantes después de formarse. Para sostener ese argumento, hacen notar que apenas están cubiertas por una fina capa de tierra en su parte superior. Además, el el profundo suelo volcánico que cubre buena parte de la isla es muy fino precisamente en el entorno de los bloques de roca. Esto sugiere, según los geólogos, que el área fue 'lavada' por olas en el pasado reciente, entendido en términos geólogicos de cómputo de tiempo y que no ha habido tiempo para que nuevas erupciones volcánicas repusieran el suelo en ese área.

Además, no hay una base de residuos calizos al pie de los bloques de coral, como debería haber ocurrido si hubieran sido expuestos a la lluvia durante mucho tiempo, con lo que la conclusión del equipo de Hornbach es que aunque los corales datan de hace 120.000 años, fueron sacados del mar en los últimos miles de años.

Estudiar para prevenir
Una de las conclusiones más relevantes del estudio llevado a cabo en la isla ha sido comprobar la virulencia de los tsunamis producidos por erupciones volcánicas. Una cadena de volcanes sumergidos se extiende sólo a 30 kilómetros de Tongatapu y a ellos atribuye el equipo de la Universidad de Texas el origen del paleotsunami que azotó la isla. Para ello estudiaron también el fondo marino y las condiciones del manto.

Los autores destacan que el tsunami que asoló Asia en 2004 fue provocado por un terremoto submarino, es decir, por un desplamiento de las placas terrestres bajo el mar, y que las investigaciones se han centrado hasta ahora en ese tipo de fenómenos. Sin embargo, el antiguo tsunami recién documentado en Tongatapu, y el del Krakatoa, ambos de origen volcánico, son claras muestras, consideran, de la enorme potencia que pueden desarrollar ese otro tipo de maremotos. Por ello creen que se debe reforzar su estudio para conocer la frecuencia con la que ocurren y las zonas más proclives a sufrirlos.

"Hay muchos lugares en el mundo con rocas similares a las del Tongatapu y con volcanes submarinos cercanos y la gente que vive allí no ha prestado mucha atención a la prevención ante tsunamis", ha afirmado Hornbach a la Sociedad Geográfica de EEUU. De hecho, los habitantes de Tonga viven junto a las rocas sin haber sido advertidos sobre qué hacer en caso de tsunami, afirman los investigadores.
Fuente:elmundo

martes, 2 de septiembre de 2008

La última década ha sido la más calurosa de los últimos 1.300 años

MADRID.- Una reciente investigación climática ha concluido que los últimos 10 años han sido los más calurosos que ha habido en los últimos 1.300 años, en el Hemisferio Norte.
La edad de la conclusión se eleva a 1.700 años si se consideran las investigaciones llevadas a cabo con los anillos de los árboles, un sistema de análisis con el que algunos científicos discrepan para este tipo de estudios.
La investigación, desarrollada por el Centro de las Ciencias de Sistemas de la Tierra del Estado de Penn (EEUU), se publica hoy en la edición electrónica de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).
"Como hay quienes consideran que los datos que aportan los anillos de los árboles son inaceptables, hemos decidido no tenerlos en consideración y basarnos en los resultados de los demás análisis. Estos señalan con una precisión mucho más sofisticada y hasta ahora desconocida la temperatura que hubo en plazos muy largos de tiempo", ha declarado Michael Mann, profesor adjunto de Meteorología y Geociencias del centro.
Las conclusiones del estudio son menos precisas en el Hemisferio Sur, porque los datos disponibles son más escasos que en el norte.
El equipo investigador ha estado formado por expertos de cuatro universidades y centros de EEUU, y se formó a instancias del Consejo de Investigación Nacional, que sugirió la necesidad de revisar la temperatura terrestre de los últimos 2.000 años, sin considerar los anillos de los árboles.
Las conclusiones actuales, realizadas con técnicas que hace una década no existían, coinciden con una anterior investigación del equipo de Mann de finales de los 90. En aquel estudio sí se tuvo en cuenta los análisis de los anillos de crecimiento de los árboles.
Al haber sido cuestionada la investigación por algunos científicos, que consideran que los anillos inducen a confusión, puesto que cuando se estrechan los anillos puede deberse a otras cuestiones que no tengan que ver con la temperatura, Mann y sus colegas han realizado el nuevo estudio sin árboles. Pero han llegado a los mismos resultados.
La investigación multidisciplinar ha sido apoyada por la Fundación Nacional de la Ciencia, el Ministerio de Energía y la Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica (NOAA).