TERMINAL BAHIA BLANCA

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jueves, 23 de julio de 2009

El retroceso de la Antártida y el cambio climático

En conjunto con investigadores de otras universidades del mundo, biólogos de la UNC trabajan desde hace 15 años estudiando el impacto que está produciendo el calentamiento global en el continente antártico. Los especialistas cordobeses se focalizan en la caracterización de los efectos en los ecosistemas marinos a raíz del retroceso de los glaciares. Los temas más preocupantes son la consecuencia de la desglaciación forzada del continente en la dinámica del resto del planeta y la pérdida de biodiversidad. Desde 1997 los investigadores vienen detectando cambios en los ecosistemas bentónicos, con especies que desaparecieron parcialmente y otras que se multiplicaron.

El objetivo general era conocer los ecosistemas antárticos marinos. En la tierra la fauna es muy escasa, sólo pueden encontrarse algunas aves migratorias, entre ellos pingüinos y algunos pocos mamíferos. Pero debajo de las aguas, la biodiversidad es muy grande, en particular en las comunidades bentónicas, es decir, las formadas por organismos que viven en el fondo de los ecosistemas acuáticos. “Fue un análisis más general -recuerda Ricardo Sahade, quien es docente e investigador de la UNC y desde 1994 estudia los ecosistemas en la península Antártica, en Caleta Potter (Shetland del Sur)-, realizado con fotografías. Queríamos ver la estructura de las comunidades, los patrones de diversidad, qué tipos de organismos vivían, qué estrategias tenían y qué les permitía ser exitosos en ese medio”. Las especies invertebradas más abundantes son las esponjas, ascidias, equinodermos y briozos.

A los tres años de esta primera etapa exploratoria, en 1997, los investigadores empezaron a detectar cambios en los ecosistemas bentónicos. Especies que habían desaparecido parcialmente y otras que se habían multiplicado. “Esto fue muy inesperado porque las condiciones ambientales debajo del agua son muy estables en la Antártida, y se creía que las comunidades biológicas también debían serlo”, explica Sahade a InfoUniversidades. “Nosotros vimos cambios muy grandes en tres años, en especies como las asirias, las esponjas y en bívalos”.

Hace diez años no se hablaba del calentamiento global como en la actualidad, pero la comunidad científica había empezado a realizar estudios interdisciplinarios en todo el mundo. En el caso de la Península Antártica se sabía que en los últimos 50 años había aumentado un promedio de 2,5 grados la temperatura (la media del planeta fue 0,6°) y que retrocedieron en muchos sectores los glaciares. Pero se creía que si no aumentaba la temperatura del agua no debía haber cambios significativos en los ecosistemas marinos.

Ricardo Sahade, entrevista

-No había explicación para que existan cambios tan rápidos en los ecosistemas marinos, y la temperatura del agua no aumentaba, pero sí existió una gran contracción de los glaciares. ¿Dónde estaba la explicación?
-Con el tiempo y con muchas discusiones intentamos ver qué procesos podían afectarlos. Los primeros indicios estaban, precisamente, en el retroceso de los glaciares, porque esto implica que hay un mayor aporte de materiales terrestres en el agua.

-¿Y cómo afecta la carga de sedimentos a las especies marinas?
-Notamos que las especies que empezaron a desaparecer, por su forma estructural y por el lugar donde vivían, eran menos resistentes ante una mayor carga de sedimentos. A estos organismos se los llama filtradores porque comen el material orgánico que se suspende en el agua: planton, fitoplanton, entre otros. Los sedimentos son material inorgánico: tierra, arcilla, greda, barro, etc. Los filtradores justamente filtran el agua para poder captar la comida. Si se le agrega una mayor carga de sedimentos, necesitan filtrar más agua y esto requiere un mayor gasto de energía. Por otro lado, los aparatos de “filtración” se van tapando o modificando en el mejor de los casos. Cuando no pueden hacer más este trabajo ‘extra’, mueren o desaparecen porque no pueden compensar el gasto de energía con el alimento conseguido. También se ven afectadas las plantas, porque el barro y los sedimentos oscurecen el agua y tienen mucha menos luz. Y las plantas absorben la energía solar para producir energía química, que se traslada al resto de la cadena. Es decir, todo el ecosistema se ve afectado. Éste es, quizás, el nexo principal entre los cambios en las comunidades bentónica y el aumento de la temperatura. Nosotros corroboramos las reacciones de las especies frente a la carga de sedimentos en laboratorios.

-¿Qué otras hipótesis se plantearon en relación al retroceso de los glaciares y el cambio en los organismos submarinos?
-Hay hipótesis nuevas que sostienen que estaríamos frente a un proceso de deglaciación de la Antártida. Pero lo concreto es que el 90 % de los glaciares de la península ha retrocedido. Y el proceso es muy veloz. Si bien varía según las zonas, hay glaciares que se redujeron 50 metros en un año.

-¿Cuál es el valor del continente antártico para el resto del mundo?
-La Antártida es un “laboratorio evolutivo natural”. Está aislada del resto del planeta hace unos 20 millones de años, sobre todo a nivel de organismos marinos. La barrera biogeográfica más potente se llama frente polar, a lo que se le suma la corriente circum antártica. Alrededor del continente hay profundidades de entre 3.000 y 5.000 metros, que junto con esta corriente hacen que los organismos tengan una barrera y sea muy difícil el intercambio y que, a su vez, los ecosistemas hayan evolucionado aislados del resto en los últimos 20 millones de años. Es una diferencia muy importante con, por ejemplo, el Polo Norte. La Antártida es un continente rodeado de mar, y el Polo Norte es un mar rodeado por continentes con sólo unos 15 o 20 mil años de antigüedad.

-¿Cómo afecta al resto del planeta el retroceso de los glaciares antárticos?
-La dinámica antártica afecta a la dinámica del todo del planeta. En los océanos hay dióxido de carbono disuelto, pero la capacidad de disolución está relacionada con la temperatura. Mientras más fría está el agua más capacidad de retener gases hay. El agua a 1° bajo cero retiene mucho más dióxido de carbono que a temperaturas de 2°. Esto es lo que se llama la ‘bomba física del dióxido de carbono’. Si se elevan las temperaturas de aguas frías como las antárticas se libera más dióxido de carbono, incrementándose el efecto invernadero. Los océanos cumplen un rol similar al de las plantas; son fijadores del dióxido de carbono, sacándolo de la atmósfera. Pero si, por un lado, introducimos dióxido de carbono con la quema de combustibles y, por el otro, eliminamos cobertura vegetal incrementando la temperatura, vamos perdiendo la eficacia de nuestros mecanismos reguladores. La dinámica de estos sistemas es muy compleja y quizás estemos lejos de comprenderla en su totalidad. Pero tal vez no nos quede mucho tiempo para tratar de hacer algo. Hay hipótesis que sostienen que el planeta Venus podría haber sido similar a la Tierra pero ahora tiene una temperatura de unos 300°, mantenida quizás por un efecto invernadero sumamente ‘eficiente’.

El equipo de investigación que trabaja en la Antártida está integrado por Ricardo Sahade, Marcos Tatián, Milagros Demarchi, Luciana Torre, Soledad Tarantelli, Cristian Lagger, Natalia Servetto, Paula Wiernes, Soledad Acosta y Marina Chiappero. Los estudios son subsidiados por la UNC, el Instituto Antártico Argentino, el Conicet, el FONCyT y el Alfred Wegener Institut (Alemania).



Fuente: Infouniversidades
Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Lucas Gianre
Prosecretaría de Comunicación Institucional
Universidad Nacional de Córdoba

viernes, 13 de febrero de 2009

Incendios, nieves, inundaciones y la indecisión humana

Las noticias de los días pasados: en el verano australiano siguen, cada año peor, los incendios provocados por altísimas temperaturas. En España este invierno se caracteriza por invasiones continuadas de aire polar. En muchos sitios del planeta las inundaciones son casi constantes.

En la superficie del planeta hay hoy bastante más energía que hace 100 años, porque a la energía que entra desde el sol le cuesta cada vez más tiempo salir de nuevo al espacio. Queda retenida entre la superficie y la tropopausa por las moléculas de CO2, de metano, de óxidos de nitrógeno, de toda la polución que expulsamos a la atmósfera sin necesidad. El aumento de energía se traduce en el aumento de los fenómenos extremos.

Pero los seres humanos siguen sin saber qué camino tomar. Seguimos con inercias estúpidas, recetas de hace siglos, tradiciones que ya no sirven.

Hoy aparece una noticia en elmundo.es: 'La ambigüedad del plan de Obama hunde a Wall Street'. Es una buena noticia, y sería mejor si el hundimiento fuera definitivo. Existe la 'tradición' de mirar a Wall Street. Wall Street no sirve para nada. La bolsa de Nueva York, un casino donde los ricos juegan a la ruleta con el dinero de los ciudadanos, ha sido una de las causas de la crisis actual.

En los casinos, la gente se juega las perras en la ruleta. Y, ¿qué hacen los inversores en Wall Street? Jugarse las perras a ver si sacan unas ganancias temporales, sin el menor intento de que el dinero sirva para producir riqueza real, sino solamente virtual: dinero fantasma.

Como esta tradición, el resto. Hoy tiene el señor Zapatero en sus manos una oportunidad de oro para crear trabajo: lanzar, de lleno, una economía basada en la inimaginable cantidad de energía que cae hora a hora sobre la superficie española, la energía solar.

Pero la tradición, la obsoleta tradición de 120 años de socialismo, como la obsoleta tradición del PP de miles de años de dinero metido en el ladrillo, le lleva a meter el dinero en mantener parados en vez de en crear trabajo, como llevaría al PP a meter dinero en la construcción en vez de en producir energía.

Ante las crisis caben siempre dos actitudes: aceptar que se han producido por agotamiento del sistema y entrar de lleno en un nuevo paradigma económico y social, o insistir en el esquema ya agotado: España, siglo XVII. Ante la crisis, seguir con las guerras de Flandes, seguir con las patentes de hidalguía, rechazar el comercio y la industria. Yucatán, siglo IX: seguir con el esquema de cisternas que no se llenan porque la lluvia se ha reducido a la mitad. Roma, siglo II: Guerras de conquista y producción basada en esclavos.

Ante las crisis actuales, climática, de desertización creciente, financiera, las autoridades españolas, socialistas, del PP, comunistas, todas ellas, como las del siglo XVII, insisten en los modelos agotados, los únicos que se saben.

¿Aprenderemos alguna vez?

fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/blogs/clima/index.html


viernes, 23 de enero de 2009

El cambio climático amenaza con cambiar la geografía del vino

Desde hace tiempo el calentamiento global no sólo es un tema que preocupa a los ecologistas. El aumento de las temperaturas beneficiaría a los viñedos situados en las latitudes más altas. Así, la Patagonia se está convirtiendo en la “tierra prometida” para muchos bodegueros. Junto con Australia y Nueva Zelanda, Argentina ya posee el viñedo y la bodega más australes del planeta.

El clima es un factor dominante en la viabilidad de todas las formas de agricultura, desde la determinación del área geográfica en la cual un cultivo puede crecer y desarrollarse hasta la influencia anual sobre su producción y calidad. Esta influencia es mucho más evidente en el cultivo de uvas para la producción de vinos. La productividad y las características cualitativas de una vid son el resultado de su interacción con el ambiente (régimen hídrico y térmico) y las condiciones de cultivo que pueden permitirle manifestar completamente su potencialidad, pero también es crucial individualizar las medidas a adoptar para una inversión de riesgo a largo plazo, como es la instalación de un viñedo.

El cambio climático es un tema de discusión pública desde hace años. El aumento de la temperatura media global ha sido de 0,6º C en los últimos cien años. Además, se han registrado otras variaciones climáticas regionales como la modificación de las precipitaciones y la consecuente alteración del régimen hídrico, que aún son inciertas. Es difícil predecir qué cambios tendrán lugar debido al aumento del conocido “efecto invernadero”, pero las emisiones de los gases siguen creciendo y los modelos climáticos estiman un incremento de la temperatura global, para fines del siglo XXI, de entre 1,8º y 4º C respecto del siglo pasado.

Desde hace tiempo el calentamiento global no sólo preocupa a los ecologistas, sino también a los viticultores. La comunidad internacional de este sector analiza la incidencia del clima como componente del territorio y su repercusión en la calidad del vino, y evalúa las distintas zonas vitivinícolas mundiales en relación con los efectos del cambio climático.

Los vinos son continuamente degustados, testeados y rankeados. Los años de cosecha dan al vino una calidad diferente e, incluso, el bouquet es asociado al año climático que determinó esa vendimia. La industria está empezando a reparar en el impacto de graduales cambios de temperatura, un elemento clave para su materia prima.
Esta preocupación sin fronteras se encuentra alimentada por un número creciente de estudios científicos que utilizan el vino como primer alerta sobre las amenazas del clima.

Ganadores y perdedores

Entre la sospechada alteración de la geografía del vino se empiezan, incluso, a atisbar ganadores y perdedores. El aumento de las temperaturas beneficiaría a los viñedos situados en latitudes más altas, como la Patagonia, que ya se está convirtiendo en la tierra prometida para muchos bodegueros en busca de nuevos horizontes y las viñas auguran extenderse cada vez más al sur. Los viñedos resultan cada vez más australes en nuestro país, empujando el límite hasta los 42º sur.
Argentina ya posee el viñedo y la bodega más australes del planeta, junto con los de Australia y Nueva Zelanda. Este es un nuevo desafío para los bodegueros locales. ¿Cómo puede prepararse un viticultor para lo que vendrá?



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María Laura Alori
mlalori@unsam.edu.ar
Lic. Cristina Rössler
Dirección de Comunicación Institucional
Universidad Nacional de General San Martín

fuente: infouniversidades


miércoles, 17 de diciembre de 2008

Este ha sido el décimo año más caliente desde que hay registros

Las temperaturas promedio en julio fueron superiores en 3 grados centígrados en gran parte de Argentina, Paraguay, Uruguay, el sudeste de Bolivia y el sur de Brasil.


GINEBRA (EFE) -- El año 2008 ha sido el décimo más caliente desde mediados del siglo XIX, cuando empezaron los registros, y en distintas partes del mundo se dieron fenómenos meteorológicos extremos, lo que confirma la tendencia al calentamiento global del planeta.
Así lo revela la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su informe anual difundido ayer y en el que señala la variabilidad de los fenómenos observados: temperaturas más altas de lo normal en partes de Europa, el invierno menos frío jamás registrado en zonas de Escandinavia.
En contraste, las temperaturas promedio en julio fueron superiores en 3 grados centígrados en gran parte de Argentina, Paraguay, Uruguay, el sudeste de Bolivia y el sur de Brasil, agrega el estudio.
En Australia se registraba en marzo la canícula más larga de la historia con una máxima superior a 35 grados durante 15 días consecutivos.
"En todo esto vemos la manifestación de la variabilidad existente", comentó el secretario general de la OMM, Michel Jarraud, en conferencia de prensa.
La sequía fue un fenómeno persistente en varios lugares a lo largo de 2008, entre ellos Portugal y España, en Europa, y Argentina, Paraguay y Uruguay, en Latinoamérica, con efectos muy graves sobre la agricultura de estos tres últimos países.
Por otra parte, Jarraud señaló que, como parte de las variaciones que sufre el clima, 2008 fue un año más frío frente a la media del decenio 1997-2007, aunque haya sido el décimo más caliente de la historia meteorológica.
El ligero enfriamiento de este año frente a los anteriores fue provocado por el fenómeno de "La Niña", explicó.
Agregó que las previsiones para el primer trimestre de 2009 no muestran ninguna indicación de que ese fenómeno o el de "El Niño" vayan a presentarse, aunque aclaró que las condiciones pueden cambiar en el curso del año.


Menos hielo en el Artico
WASHINGTON (EFE) -- La Antártida, Groenlandia y Alaska han perdido dos billones de toneladas de masa glacial en los últimos cinco años, según un nuevo estudio elaborado por científicos de la NASA, quienes lo atribuyen al calentamiento global.
El estudio, adelantado ayer, se presentará mañana en la sede de la American Geophysical Union en San Francisco, y mostrará los resultados del análisis de las imágenes realizadas por el satélite "Grace" en la zona desde 2003.
Para evaluar el cambio climático, los científicos suelen analizar una región durante varios años para determinar cuál será la tendencia general.
Según los científicos de la NASA, Groenlandia se ha llevado la peor parte, ya que en su territorio es donde se ha derretido la mayor cantidad superficie glacial.
Desde 2003, cuando el satélite comenzó a medir la región, Alaska ha perdido 400.000 millones de toneladas de hielo.
Sin embargo, después de una pérdida considerable en 2005, el estudio indica que el hielo creció en 2008 debido a un largo invierno de nevadas.
Otra de las consecuencias de que se derrita el hielo en las zonas polares es el crecimiento de los niveles del mar, así como la temperatura del agua.
La cantidad de superficie de hielo que se ha derretido entre Groenlandia, Alaska y la Antártida, ha hecho crecer los niveles del mar 4,5 milímetros en los últimos cinco años.
Por otra parte, otro estudio que será presentado esta semana en una reunión de geofísicos en la que analizarán cómo afecta el deshielo al mar, ha advertido del aumento de las temperaturas en algunas partes del mar en la zona.
Un grupo de científicos que han estudiado la evolución del hielo marino han descubierto que el agua del Artico ha subido entre nueve y 10 grados en el norte de Alaska desde el otoño pasado, lo que consideran que es un claro indicador del efecto del calentamiento global y alertaron de que puede extenderse en todo el Artico.


Nivel del mar. La cantidad de superficie de hielo que se ha derretido entre Groenlandia, Alaska y la Antártida, ha hecho crecer los niveles del mar 4,5 milímetros en los últimos cinco años.
fuente:lanueva